Hablar de historia local y de identidad, es hablar sobre nosotros y nuestra historia, la micro historia que se preocupa de personas y agrupaciones que viven en un mismo territorio. Historia que rompe con el paradigma de la Historia económica y política, de los grandes procesos, que dejo fuera la historia oculta de los sujetos históricos comunes, que tienen mucho que aportar para la comprensión de las identidades nacionales, las que durante el siglo XIX y XX, terminaron extinguiendo gran parte de las culturas indígenas sobrevivientes y los modos tradicionales de vida en Latinoamérica.

"La historia local se desprende de una corriente historiográfica que adquirió fuerza en la década de los 70, con el desarrollo de la historia de las mentalidades en Francia, de la historia social marxista en Inglaterra, de la microhistoria en Italia y de la antropología histórica en los Estados Unidos". Esta vuelta a la historia narrativa se enmarca dentro de la Posmodernidad, proceso teórico y cultural, que reniega del gran relato de la historia, evolutiva, progresiva y única con la que se construyó el mito de las historias nacionales.

La historia local, aparece entonces como una forma de rescatar a los sujetos históricos comunes, que habían sido excluidos de la historia oficial, salvando del olvido los procesos individuales y sociales del quehacer cotidiano de una comunidad.

Atendiendo a los cambios de paradigma de la Post modernidad y en relación al proceso de globalización económico y cultural, la construcción de la historia local se ha convertido en una necesidad de diferenciación, en cuyo discurso y producción cultural se depositan, las semillas de identidad regional, con las que se generan posibilidades de desarrollo turístico, cuyo capital fundamental es la identidad local, identidad que debe ser conocida y valorada por los miembros de la comunidad.

Conocer y transmitir nuestra historia local en el currículo escolar es fundamental, porque permite que los alumnos de cualquier grado entiendan “ quienes son, cómo se los define socialmente y cómo es y funciona la sociedad en que viven”. Este habitus designa una manera de ser, una inclinación a actuar de determinada forma, que los diferencia y les entrega un capital cultural que les permite tener una mejor integración social y cultural.

¿Cómo se trasmite la historia local a los niños? Esta se constituye a través de la educación primera, es decir en la educación prebásica, en donde se deben aplicar mecanismos de familiarización, espontanea, implícita o infiltrada en las prácticas sociales en que participa el niño, puesto que de acuerdo al pensamiento concreto de los niños, la experiencia es fundamental para provocar la apropiación de la identidad.

La familiarización con la historia local, significa generar actividades con el habitad en que viven y es en este punto donde el museo se convierte en una herramienta pedagógica implícita, que debe ser programada de acuerdo a los propósitos y necesidades curriculares. Se convierte entonces el objeto patrimonial, en una entrada a la historia local que debe ser enseñada y adquirida por los niños de acuerdo a su proceso cognitivo, con el que conocen el mundo, lo aprehenden y aprenden, es decir en el contacto y trabajo directo con el patrimonio.

Vivenciar la cultura local, es imprescindible para ser ciudadano integrado al mundo, y es en la primera etapa de la educación donde se constituyen los modos de adquisición de la identidad cultural y la competencia cultural, la que permite concebir personas capaces de “posicionarse frente al mundo, frente a los demás, frente a sí mismo y mirar de otras manera la realidad y pensar en el lugar en que cada uno ocupa en ella”.