Alfredo Jaar y la estética de la resistencia
Descubrir la obra de Alfredo Jaar, es descubrir el velo de quienes viven in- visibilizados por el sistema unilateral del capitalismo actual, que no es más que una neocolonialidad disfrazada de democracias, que se viven desde el margen de nuestro continente y se pierde en la otra orilla del continente Africano.
Alfredo Jaar pone en evidencia los márgenes, los limites, en cuyo dialogo, no hay lugares comunes al discurso panfletario, que hace uso de los efectos morbosos de las injusticias y diferencias sociales, sino muy por el contrario, la limpieza y la delicadeza de develar al ser humano en sus miserias, cuya dignidad asombra e impacta en su irónica realidad.
La exhibición en Telefónica consiste en seis obras, todas ellas enhebradas por el hilo invisible de la marginalidad que vive en cada continente. La primera mirada se posa sobre Asia, tras seis cajas de luz que reflejan las aguas de Hong Kong, del otro lado rostros de vietnamitas exiliados atraviesan el mar de China, mientras que el espectador reflejado en los espejos, es protagonista de su propia indiferencia. En esta obra el artista pone en evidencia al espectador, pues nos molesta y nos inoportuna descubrir que la apariencia traslucida del mar, no es más que la ruta del autoexilio.
Es el silencio de Nduwaseyu, encarnado sobre el muro, palabra por palabra que nos lleva a la denunciante imagen repetida un millón de veces, para que no olvidemos su tragedia, derramada sobre una mesa de luz . Tragedia que tiene su origen en el occidente blanco, quien esquivo la mirada de Ruanda dejando morir en cien días, a más de un millón de personas. El silencio de Nduwaseyu, es el silencio de África y este intimida al occidente, capitalista y blanco.
América ha sido usurpado en su nombre, América this is not América, lo reclama Jaar desde Time Square en Nueva York, la cita a Torres García “América invertida”, que aparece y desaparece en una pantalla de neón, se vuelve un reclamo compartido. América no es América, América son los mineros de Serra Pelada de Brasil, fotografías recortadas sobre una caja de luz, quirófano donde se traviste nuestra identidad.
Muxima es una elegía cinematográfica dedicada Angola, dividida en X versiones de una canción kimbundu, con los que los espectadores dentro de una sala oscura instalada en Santiago de Chile, viajan y descubren el continente Africano desde el gesto natural de la vida cotidiana sobre una mujer llamada Muxima. Los cantos son los cantos del continente invisibilizado, cuya mirada se pierde mirando el horizonte.
Lamento de imágenes es un ensayo sobre las políticas de la representación, instalación que dispone de una escenografía , que conmociona la visualidad , ya que juega con la dualidad de los contenidos, la luz y la oscuridad, el texto y el silencio, en donde el formato también entra en la dinámica de los opuestos . Opuestos que evidencian los hilos del poder entorno a la propiedad de las imágenes, poder que habita en el centro de la hegemonía económica y política
