El articulo escrito este domingo en el artes y letras “el otro pago de Chile”, lo leí con mas expectativas de lo que describe el articulo, pues si bien es necesario dar a conocer su origen como colección, no profundiza en su actual crisis, ni quienes son responsables de esta.

Conozco el MAPA desde la época en que se encontraba en el subterráneo del MAC, cuando trabajaba como voluntaria en documentación de las colecciones. Objetos de arte popular que sembraron en mí, la inquietud por la problemática -que recién se iniciaba- entorno a las artesanías y la globalización. Regrese al museo años después cuando asumió la dirección Sylvia Rios, profesora del departamento de Teoría, quien había trabajado con Orethe Plath, cuyo interés y dedicación permitió posesionar al museo dentro de la Facultad de Artes, para que fuera considerado como un museo independiente al MAC, con un proyecto universitario que incluyera miradas interrelacionadas con los estudios culturales, que implicaba el arte Popular. Con ella se emprendieron varios proyectos de extensión e investigación tales como: el proyecto de documentación y catalogación de las colecciones, financiado por la Fundación Andes y el proyecto de exhibición e investigación sobre la colección de Platería y arte mapuche, que se llevo al Museo de Bellas Artes de Sao Paulo. Hasta ahí todo marchaba y pensábamos que los años de oscurantismo vividos tras la dirección de Julio Tobar habían pasado, pero no fue así.

¿Porqué? No quiero entrar en la chimuchina de los dimes y diretes, mi reflexión va más allá y tiene que ver con la posición del Arte popular y Artesanías, bajo la tutela de la Facultad de Bellas Artes, quien considera el arte popular casi como anécdota, pues no ha sido capaz de poner a la cabeza del Museo, primero a un docente universitario que tenga el peso académico, como si lo tiene el MAC. Director (a) que pueda gestionar, no tan solo unos cursillos de técnicas de artesanía, sino que plantee una visión, una reflexión, sobre las artesanías chilenas, su proceso, sus transformaciones y extinciones, que podrían perfectamente ser, -por el valor de sus colecciones-, el modelo que permita rescatar las técnicas, la iconografía, las formas de aquellos artefactos que son parte de una estética unida a la función. Quizás el académico no esta en la Facultad, por ser estas “artes menores”, que no proporcionan la suficiente vitrina social e intelectual que se acostumbra.

Un buen candidato hubiera sido el académico, recientemente fallecido Fidel Sepúlveda, quien desde el departamento de estética de la Universidad Católica, tuvo una basta producción relacionada con la búsqueda de una estética propia y arraigada en el folklore. Sé que la Universidad de Chile , tiene académicos suficientes de otras facultades que podrían dar un nuevo empuje al Museo de Arte Popular Americano, como la profesora Sonia Montecino, quien ha generado distintos discursos sobre una estética de lo popular y que perfectamente podría asumir el cargo. ¿Pero cual es el problema, entonces?, la Universidad de Chile, principalmente la facultad de artes, que no es capaz de llamar a concurso por el cargo de director, - de verdad-, o simplemente dejación e indiferencia frente al hermano menor llamado Arte Popular.